Negocio
Qué necesita conseguir la marca: leads, reservas, ventas, solicitudes, claridad, retención o confianza.
Este documento ordena la teoría, los pasos y los recursos internos para convertir una web, app o producto digital confuso en un sistema claro: qué se analiza, cómo se decide, qué se diseña y qué recibe el cliente.
La experiencia de usuario se trabaja antes de diseñar la estética final. Sirve para conectar objetivos de negocio, necesidades reales del usuario, contenido y comportamiento de interfaz.
Qué necesita conseguir la marca: leads, reservas, ventas, solicitudes, claridad, retención o confianza.
Qué necesita entender, comparar, decidir o sentir la persona que entra en la página o producto.
Qué información aparece, en qué orden, con qué jerarquía y con qué nivel de detalle.
Cómo se materializa todo: navegación, componentes, microcopy, estados, CTA, formularios y ritmo visual.
Idea interna KOA: cuando una pantalla no funciona, casi nunca es solo por estética. Puede fallar la promesa, el orden, el contexto, la confianza, el esfuerzo cognitivo o la acción esperada.
Esto evita discusiones del tipo “me gusta / no me gusta”. La pregunta correcta es: ¿ayuda a la persona a entender, decidir y avanzar con menos esfuerzo?
Una persona entra con una tarea, una duda o una intención. El UX ordena el camino para que no tenga que adivinar: dónde está, qué puede hacer, qué significa cada opción, qué pasará después y cómo corregir si se equivoca.
Traducción KOA: cuanto más tenga que pensar el usuario en la mecánica de la página, menos energía le queda para decidir si confía, compra o contacta.
El usuario debe saber qué está pasando: carga, progreso, error, éxito, paso actual o disponibilidad.
La interfaz debe hablar como habla la persona, no como habla el equipo interno o el plugin.
Volver atrás, editar, cancelar o corregir no debería dar miedo ni perder información.
Los patrones se repiten: mismo estilo de CTA, mismos estados, misma lógica de navegación.
Mejor prevenir que explicar después. Formularios claros, restricciones visibles y ayudas contextuales.
No obligamos a recordar datos, pasos o categorías. Lo importante debe estar disponible cuando hace falta.
Una pantalla no puede pedir cinco decisiones importantes a la vez. Hay una prioridad por tramo.
La ayuda aparece donde se necesita: FAQ, microcopy, estados de error, ejemplos o explicación de opciones.
¿Se entiende y se puede usar sin esfuerzo innecesario?
¿Resuelve una necesidad real o solo ocupa espacio?
¿La experiencia transmite confianza, valor y personalidad?
¿Se puede mantener, implementar y escalar sin volverse un monstruo?
En proyectos de KOA, muchas veces trabajamos con investigación ligera: suficiente para tomar mejores decisiones sin bloquear el proyecto durante meses.
Esta es la ruta madre. No todos los proyectos necesitan recorrerla entera, pero nos sirve para explicar qué hacemos y dónde empieza o termina cada modalidad.
Miramos lo que existe: estructura, navegación, mensajes, flujos, conversión, accesibilidad y fricción.
Convertimos observaciones en hallazgos, severidad, oportunidades y prioridades.
Definimos objetivo, usuarios, tareas, promesa, journey, arquitectura y criterios de decisión.
Diseñamos el flujo y la jerarquía antes de vestir visualmente la interfaz.
Ordenamos componentes, estados, reglas visuales, microcopy y patrones reutilizables.
Dejamos el sistema listo para diseñar, desarrollar, medir y evolucionar sin improvisar.
Sirve para saber qué está pasando ahora, qué impide avanzar al usuario y qué cambios tendrían más impacto antes de rediseñar todo.
Mapa inicial de hipótesis: qué creemos que puede estar fallando y qué necesitamos comprobar.
Listado de hallazgos con evidencia, severidad y recomendación de mejora.
Mapa de flujo actual con puntos de fricción, abandono o duda.
No es una auditoría legal completa de accesibilidad, salvo que se contrate como alcance específico.
Recomendaciones UI prácticas para evitar que la interfaz sea bonita pero incómoda.
Aquí transformamos el análisis en decisiones. Es la parte que más valor percibe el cliente porque deja de sentir caos y empieza a ver un plan.
| Severidad | Qué significa | Ejemplo | Prioridad |
|---|---|---|---|
| 0 | No es problema UX. | Preferencia estética sin impacto funcional. | Baja |
| 1 | Molestia menor. | Texto largo pero comprensible. | Cuando haya margen |
| 2 | Fricción moderada. | CTA poco visible o sección mal ordenada. | Próxima iteración |
| 3 | Problema importante. | El usuario no entiende qué contratar o cómo avanzar. | Alta |
| 4 | Bloqueo crítico. | Formulario roto, checkout confuso, acción clave invisible. | Urgente |
Quick wins. Cambios que deberían entrar primero.
Proyecto. Requiere planificación, diseño o desarrollo.
Mejoras de limpieza. Se agrupan por eficiencia.
No prioritario. Se evita salvo que haya una razón estratégica.
Aquí ya no estamos solo evaluando. Estamos tomando decisiones sobre estructura, flujo, contenidos, jerarquía y sistema de interfaz.
Qué tiene que conseguir la persona usuaria y qué necesita conseguir la marca. Si hay varios objetivos, se jerarquizan.
Qué se cuenta primero, qué se demuestra después y cuándo aparece la conversión.
Cómo se moverá el usuario: menú, rutas internas, filtros, pasos, categorías, buscador o navegación contextual.
Cada sección debe responder a una función dentro del recorrido, no a “meter algo bonito”.
Una referencia visual puede inspirar, pero no sustituye al análisis de necesidad, contexto y uso.
Un CTA repetido sin contexto no convierte mejor. La conversión necesita confianza y claridad.
Promesa, servicios, precios orientativos, objeciones, pruebas, recursos y límites de lo que se puede contar.
Analytics, feedback comercial, preguntas frecuentes, mensajes de clientes, sesiones grabadas o comportamiento del equipo de ventas.
Alguien que pueda validar prioridades. Si todo el mundo decide, nadie decide.
Muchas fricciones no están en el layout, sino en el texto: promesas vagas, botones genéricos, formularios fríos, etiquetas confusas o información clave escondida.
Regla KOA: si un texto no ayuda a entender, confiar, comparar o actuar, probablemente es decoración verbal.
La arquitectura de información decide cómo se agrupa, nombra, ordena y conecta el contenido para que el usuario no tenga que adivinar.
Nos permite validar orden, jerarquía, intención, ritmo y acciones sin distraernos con colores, fotos o detalles finales.
Landing: promesa, prueba, objeciones, CTA.
Ficha: información, confianza, decisión.
Formulario: pasos, claridad, error, éxito.
Regla KOA: un wireframe no es un boceto bonito. Cada bloque debe poder defenderse con una frase: “esto está aquí porque…”
Aquí recogemos reglas internas para que la parte visual sea usable, coherente y elegante. Nada de tipografías gigantes si no ayudan. Nada de efectos que tapen el contenido.
No todos los proyectos incluyen una auditoría legal completa de accesibilidad, pero el criterio UX/UI debe respetar mínimos: legibilidad, contraste, navegación, foco, errores y alternativas.
La información debe poder percibirse: texto legible, contraste, alternativas para imágenes y contenido no dependiente solo del color.
La interfaz debe poder usarse: teclado, foco visible, targets cómodos, formularios navegables y sin trampas.
El contenido y la interacción deben ser claros: etiquetas, instrucciones, errores, orden lógico y lenguaje humano.
La experiencia debe aguantar distintos dispositivos, navegadores, tecnologías de asistencia y cambios futuros.
Las métricas no sustituyen al criterio, pero ayudan a comprobar si las decisiones mejoran la experiencia. No todo proyecto necesita medirlo todo: elegimos 3–5 señales útiles.
Regla KOA: antes de rediseñar, definir qué señal demostraría que la experiencia ha mejorado.
Esto ayuda a presupuestar y explicar valor. El entregable no debe ser “un PDF bonito”, sino una herramienta para decidir y ejecutar.
Estos recursos pueden copiarse a Notion, Figma, Canva o a un documento de propuesta. Sirven para reuniones, auditorías y devolución al cliente.
Impide entender, avanzar, comprar, reservar, contactar o confiar.
Genera dudas, esfuerzo extra o decisiones poco claras.
Hace el camino más claro, comprensible, cómodo o persuasivo.
Reglas de usabilidad para revisar interfaces sin quedarnos en opinión estética.
Principios de accesibilidad para contrastes, foco, formularios y comprensión.
Mirar la experiencia completa: antes, durante y después de la pantalla.
Componentes, estados, patrones y reglas para no diseñar cada pieza desde cero.
El cliente no compra “UX”. Compra claridad, conversión, orden, menos improvisación y una web/producto que tenga sentido.
La auditoría UX nos permite saber qué está fallando antes de proponer soluciones. No se trata de rediseñar por rediseñar, sino de detectar dónde hay fricción y qué cambios pueden tener más impacto.
El Diseño UX Estratégico convierte esa lectura en una estructura clara: qué debe ver el usuario, en qué orden, con qué mensajes y qué acciones necesita para avanzar sin perderse.
Antes de diseñar visualmente, definimos la lógica de la experiencia. Así evitamos invertir en una interfaz bonita que luego no convierte o no se entiende.
No entregamos un documento decorativo. Entregamos decisiones, flujos, wireframes y criterios para que el proyecto pueda ejecutarse con menos dudas y más foco.
Este manual debe servir para explicar el servicio, preparar reuniones, auditar proyectos, presupuestar alcances y construir entregables que el cliente pueda entender y ejecutar.